Vuelta al punto de partida

La semana pasada hemos vuelto a retomar las obras de restauración de nuestra casa de la aldea. La verdad que es difícil compaginar la vida de autónomo y diseñador con este gran proyecto, el cual desde hace dos años hemos llevado a cabo de manera intermitente.

Al principio empiezas con una ilusión tremenda y te lanzas a comprar mil cosas para cuando esté terminada a pesar de ni siquiera tenga agua corriente o electricidad… Pasado el tiempo empiezas a desesperarte por lo lento que van las cosas respecto a lo que tú imaginabas y poco a poco pierdes esas ansias por ver todo terminado, lo bueno es que  estas van dando paso al disfrute en hacer las cosas con detalle, mimo y lo más duraderas posibles. Todo lo anterior compensa la espera pero sin duda lo que más ayuda a seguir adelante es la idea de tener algo personal, hecho por uno mismo, con todo detalle y que se ciñe a la perfección a esa idea que tuviste nada más verla y que siempre ha permanecido en tu cabeza. Porque si de una cosa estoy seguro es que desde el minuto uno en mi cabeza ya visualizada la casa terminada con todo lujo de detalles y singularidades.

 


 

El paso de tiempo trabajando en su interior y el ritmo lento del mismo sin duda te acaba ayudando a darle algunos giros a tus primeras ideas que no habías previsto y que sin duda aportarán un valor añadido.

Desde un principio la idea fue huir de todo lo que suponía una casa rústica convencional de las que tantas habían proliferado en el rural gallego. Optamos por colores claros que ampliasen los pequeños espacios de los que dispone la casa y una decoración rústica a caballo entre lo tradicional y la sencillez de lo nórdico. En todo lo que hacemos ponemos todo nuestro empeño e intentamos hacerlo nosotros mismos de manera artesanal, esto nos ha llevado al aprendizaje de viejas técnicas y a la apreciación real del gran esfuerzo y técnica que requieren las cosas hechas a mano.

 

La próxima semana os contamos la experiencia de hacer una viga para el interior, desde la tala del árbol hasta la colocación a mano, una experiencia que ha sido un antes y un después en nuestra manera de apreciar las cosas.

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